Llegado en el mercado invernal como un completo desconocido tras dar el salto desde el Mérida en 1ª RFEF, el lateral ilicitano aprovechó una expulsión del titular Matos frente al Levante para asentarse de inmediato en el once de Gaizka Garitano. Su impacto inicial fue espectacular, registrando tres goles en sus primeros cuatro partidos —destacando un gran zurdazo ante el Mirandés— y consolidándose como un carrilero incisivo en ataque y solvente en defensa que disputó prácticamente toda la segunda vuelta.
Sin embargo, tras mantener la titularidad indiscutible al inicio del curso 2025-26, su rendimiento fue decayendo en sintonía con la crisis general del equipo. Lastrado por las amonestaciones, desajustes defensivos y un misterioso periodo de inactividad tras ser sustituido en Burgos que se prolongó durante tres meses, su reaparición ante el Córdoba culminó de forma amarga con una expulsión. Con la llegada de Imanol Idiakez terminó perdiendo definitivamente el puesto, reduciéndose su presencia a minutos residuales y estando casi ausnte de las finales frente a Castellón y Leganés.
Después de todo el verano sonando como transferible, finalmente se traspasó al Arouca de Portugal.