Fueron tantas las dudas que despertó su inactividad en verano que de ser un fichaje ilusionante al poco se convirtió en tabú. Nadie sabía muy bien lo que le sucedía, por qué su ostracismo en la pretemporada se preguntaban muchos cadistas. Pero para la segunda jornada, ya debuta, y se despejan todas esas dudas.
Con Diakité y Yussi Diarra formando un muro en el centro del campo, el resto de jugadores en esa posición lo tienen complicado, y ese fue el caso de Sergio Ortuño en el inicio. Si bien él tiene un perfil más creativo, le cuesta entrar en las alineaciones y hacerse importante para Garitano.
Pero sería algo meramente momentáneo. En casa frente al Eibar (jornada 5) volvió a ser titular, y tuvo un desempeño notable, siendo muy del gusto de su entrenador. Los continuos problemas físicos de Ontiveros le venían bien para ocupar su demarcación, más adelantada.
A partir de ahí dio gusto verlo crecer, tanto en la parcela de trabajo sucio como en la de creación y ataque arriba. Su gol en Málaga para la victoria en La Rosaleda culminaba esa constancia que había tenido, despejando todas las dudas despertadas en verano y convirtiéndose en pieza fundamental. Por no hablar del delicioso pase a lo Laudrup que le da a Tabatadze para el gol que garantizaban los tres puntos frente al Huesca. Clase en crudo.
Ni siquiera él pudo mantener el tipo en el horrible comienzo de 2026, naufragando con el resto de sus compañeros. Perdido en la medular, deja de tener influencia en el juego, y eso lo notan, y de qué manera, los suyos. Pese a intentarlo de todas las maneras posibles y ser uno de los pocos que demostraba que le dolía la situación, no consigue aportar nada que evite la debacle absoluta del equipo. Poco a poco se va diluyendo también, y se va alejando de su mejor versión. Ya empieza a no apretar en tareas defensivas, donde tan importante es ganar el centro del campo con segundas jugadas y duelos, ni es determinante con el balón.
Dicho esto, continuó siendo pieza clave hasta el final de temporada, incluyendo también el periodo en el que estuvo Idiakez, que también contó con él como titular para prácticamente todo, salvo, paradojas del destino, el decisivo duelo frente al Leganés que sellaría la permanencia (entró en la segunda parte con el partido ya encarrilado).
Aunque tenía contrato en vigor, terminó desvinculado también en la masiva operación salida que activó el club una vez concluida la temporada.