Jugador que a pesar de ser de la tierra, no se formó en las categorías inferiores del club, llega ya al club con 26 años. Después de dos años en el Zaragoza, pasa otras dos temporadas en equipos de menor cartel (Cultural Leonesa y Rayo Majadahonda) y de forma casi anónima, aterriza en Cádiz en 2019, ahora que el equipo vuelve a ser fuerte en Segunda. Con todo, era imposible imaginar que estaría tanto tiempo en el vestuario, nada menos que siete temporadas, cuatro de ellas en Primera División, siendo partícipe y protagonista de una de las mejores épocas de los cadistas en toda su historia.
Ya en su primera campaña entra arrasando. Menudo temporadón el suyo. El jugador que más minutos sumó en el terreno de juego. Portuense, de la tierra, como ya hemos dicho, desde el principio marcó su sitio en el lateral derecho. Parecía en principio que Akapo estaba por delante de él, pero no le duró ni una semana.
Su rendimiento es colosal, tanto en defensa como en ataque, y ha sido un auténtico pulmón, un portento físico que no ha tenido ni un solo problema mecánico en todo el ejercicio.
Empezó sin hacer ruido, callado y trabajando, y cada semana crecía un poco más. Un centro a la cabeza de Alex para que marcara, una asistencia a Salvi por allá...desde las primeras semanas dejó claro que era jugador de primera categoría. Como es requerido por Cervera, los laterales tienen que ser también extremos, y para Iza, eso no era ningún problema. Su condición de atleta le permitía subir la banda a toda velocidad y formar un tándem supersónico con Salvi (con quien pronto aprendió a entenderse) en la derecha. Todas las semanas el informe sobre él era el mismo; presencia en ataque y virtuoso en defensa. No fallaba jamás. Pura fiabilidad.
No podemos pasar sin mencionar su
descomunal partido frente al Lugo, en el que el portuense hizo nada menos que un doblete (el segundo fue un chut sensacional), para darle al equipo otros tres puntos en su carrera por la Primera División. No lo necesitaba, para entonces nos tenía a todos ganados, pero el pequeño lateral apuntillaba su regular temporada con esta actuación soberbia.
Su sensacional temporada quedaba redondeada con su
renovación hasta 2023, todo un notición para el Cádiz, que aseguraba así a uno de sus puntales en el ascenso, y gaditanizaba un poco la plantilla.
Llega el momento de que el equipo vuelva a Primera más de 15 años después, y de debutar para él en la máxima categoría. El portuense responde al reto con creces. Iza volvió a ser dueño del lateral derecho, y solo las lesiones le apartaron de la banda de Carranza. Nada menos que 33 partidos en liga, todos como titular. Indiscutible e inamovible para Cervera.
El portuense fue clave en el histórico ascenso a Primera y en la máxima categoría volvió de nuevo a ser partícipe del éxito. Y no siempre desde el lateral derecho, ya que en algunas ocasiones le tocó jugar algo más adelantado e incluso cambiado de banda por cuestiones del guión.
Por desgracia, el frenazo del portuense en la campaña 2021-22 ha sido claro e indiscutible, perdiendo (en la segunda vuelta del campeonato especialmente) en esta ocasión el duelo contra su compañero Akapo, al que le había ganado la partida las dos campañas anteriores.
Cervera le seguía teniendo mucha fe, y después de los dos primeros partidos en los que se decantó por Akapo pero en los que lo utilizó de mediocentro desde el banquillo (tal era su confianza en él), terminaría recuperándolo para su puesto natural.
El portuense fue acumulando ya partido tras partido sin, como siempre, dar la nota ni por arriba, ni por abajo. Cumpliendo sin alardes, rindiendo sin grandes errores y termina jugando la primera vuelta casi completa.
Pero lo cierto es que Iza no era el que habíamos visto en Segunda. Ni siquiera la ausencia prolongada de Akapo en el mes de enero por la Copa Africa aprovechó para hacerse con el puesto. El guineano, lanzado desde su partido en el Bernabeu, lo borró del mapa. Su flojo nivel y sus problemas físicos le terminaron de condenar en la segunda vuelta.
Dicho esto, a todos se nos queda en la retina aquella maravillosa asistencia que da al Choco Lozano en el decisivo partido en Vitoria, y que daba el gol que certificaba la permanencia. Ya solo por eso (unido a su pundonor y su esfuerzo que nunca regatea), merece todos los honores.
Para la liga 2022-23, empezaba su año con unas perspectivas nada halagüeñas. No está Akapo pero llega Zaldúa, que es uno de los pocos fichajes fiables de verdad en ese horroroso mercado estival que ha hecho el Cádiz. Y el vasco empieza como una moto. Pero casualidades de la vida, Iza da la sorpresa en Valladolid, tras las cinco primeras derrotas, saliendo de titular. Es verdad que no está acertado ese día, pero sale en la foto de los primeros puntos conseguidos en la liga. Mal no lo haría cuando volvería a repetir titularidad a la siguiente jornada.
Le llega el momento de la verdad cuando a finales de octubre, se lesiona de extrema gravedad Zaldúa, quedando él como único lateral derecho. Sin embargo, ese periodo no puede empezar peor para él, con un penalti y expulsión de libro después de que el excadista Alvaro García hiciera con él lo que quiso en la primera parte.
Entra en una fase de la temporada en la que no está nada bien, pero puede que fuera el hecho de que le trajeran a Raúl Parra para hacerle la competencia, el portuense se enchufa poco después de entrar en 2023. Hace un señor partidazo (con mísil al palo incluido) contra el Elche en casa, y es ahí cuando empezamos a ver al mejor Iza, que se quedaría ya para todo el resto de campeonato. Partidos como en casa contra el Girona (donde otra vez estuvo a punto de marcar un gol de bandera y en el que una jugada suya sirvió para abrir el marcador), en el Camp Nou (pese a la derrota), en casa contra el Rayo, en el empate en San Sebastián…(el portuense está inmenso), nos devuelven a
la mejor versión de un Iza que reconoce él mismo que ha vuelto.
Estando exultante llega el partido en casa frente al Getafe (en el que volvió a estar infranqueable en defensa y contribuyendo en ataque con una asistencia de gol a Sobrino), en el que pierde la cabeza tras el empate de los madrileños, y termina siendo primero expulsado y luego sancionado por
nada menos que tres partidos.
La cautelar le permite jugar en el Villamarín, y como si no hubiera pasado nada, el portuense realiza otro partidazo en el que es clave para lograr una victoria histórica, con gol salvado bajo palos incluido. Está imparable el portuense, que ya liberado totalmente de la sanción, repite partidazo otra vez en el campo del Español. Seguro abajo y poderoso en ataque, que le den a los demás lo que él come, porque no es normal la segunda vuelta que está haciendo.
Para lo que tuvimos que sufrir en la temporada 23-24, Iza fue de lo poquito que nos pudimos llevar a la boca. Con su habitual despliegue de lucha y coraje, nos ganó a todos el corazón y fue una gota de agua en un desierto de arena y tornillos.
Ya desde muy pronto, en la visita al Barça en la segunda jornada, volvió a demostrar que se iba a volver a imponer (como así sería) a Zaldua en la lucha por ocupar el lateral derecho. Con todo el merecimiento, el portuense fue titular prácticamente todo el año.
Así, el lateral fue sumando actuaciones de todo tipo, desde las más discretas, hasta las más destacadas, como la del empate en Vigo con uno menos, o los dos empates contra Athletic y Villarreal en los dos primeros partidos de Pellegrino, teniendo incluso que subir a extremo en algunas ocasiones.
Para sorpresa de todos, desapareció del once titular en las cinco últimas jornadas, en las que el técnico argentino se decidió por Zaldua, cuando el portuense venía de disputar prácticamente todos los minutos desde que arribara el nuevo entrenador. Lo que no borra que en lo general fuera un buen año del lateral, dentro de las pobres circunstancias del equipo.
De vuelta en Segunda, el lateral gaditano es una vez más dueño y señor de su banda. Quitando algunas ausencias obligadas aquí y allá por sanciones o lesiones, Iza es fijo en su posición tanto para Paco López primero, como para Garitano después. Sus valores siguen siendo los mismos: pelea hasta el final, dedicación y máximo esfuerzo.
Pero claro, después de un descenso tan indigno como el que se había sufrido, y viendo, según como marchaba la temporada, que hablar de ascenso era una quimera, la afición se va quemando, y como pasa muchas veces en estos casos, la toma con los que lleva más tiempo y conoce más. Como nos pasa a casi todos en nuestras familias.
El equipo con el entrenador valenciano es un desastre, y llega a ocupar puestos de descenso. Los cadistas están muy cabreados. Seguramente más con el palco, que evidentemente ha sido más que negligente en su política de fichajes ya del año anterior, y continúa haciendo lo mismo ahora en una categoría menos.
En casa contra el Oviedo, con muy malos presagios clasificatorios, el ya entonces capitán marca uno de los goles de la victoria, y no tiene otra cosa mejor que hacer que
llevarse la mano a la oreja para recriminar el público las críticas que él y el equipo está recibiendo. El incendio lo termina de avivar Fali con sus gestos en la grada. La tormenta, literal y figurada, es máxima en el estadio.
Con esta situación, el jugador terminó la temporada rindiendo todo lo que se pudo rendir aque año, aunque el episodio frente al Oviedo rompió una relación que hasta entonces había sido casi idílica.
Sin embargo, para el año siguiente, y como si no le costara ningún esfuerzo pasa de dudar sobre si iba a ser renovado, a seguir jugándolo prácticamente todo con Garitano. Caicedo parece no hacerle sombra y el portuense es siempre titular. Otra vez. Aunque no empieza nada bien, cuando en la segunda jornada comete un error clamoroso que cuesta el gol del Leganés. A partir de ahí, todo es estabilidad.
Él mismo reconocía que los últimos años no había estado bien mentalmente (visto ahora con perspectiva se entienden mejor los referidos eventos en el partido frente al Oviedo del año anterior), y que su resurrección en el campo venía motivada
por su recuperación en esa faceta. Viéndolo sobre el campo, quedaba claro que este problema había quedado atrás. Es la regularidad hecha jugador, sin grandes alardes pero tampoco tremendos cantazos, es un pilar para Garitano, del que te puedes fiar. Ejerce un enorme liderazgo en el campo (como en la victoria en La Rosaleda, en la que Iza gana un lance a un rival forzando una falta cerca del córner levantó a los cadistas desplazados, que ovacionaron la enésima carrera del jugador) y se le ve un poso de veterano tremendo. Ni siquiera el hecho de bajar un escalafón en la jerarquía de la capitanía con la llegada de Suso dejó que le afectara lo más mínimo.
En Granada cae lesionado. Es en Los Cármenes donde le vemos por primera vez las costuras con respecto a su edad (que por desgracia, en no mucho, darían la cara definitivamente), y es que tener que medirse en carrera tantas veces contra un animal como era Fayé terminó pasándole factura y reventándolo, dejándolo en el dique seco para
unas cuantas semanas.
Solo estaría ausente cuatro semanas, y a su vuelta, regresaría con fuerzas renovadas, volviendo a ser al que ya conocíamos y superando esas limitaciones físicas con inteligencia.
Nos dejó uno de los momentos de su carrera como cadista en Zaragoza cuando, a saber porque, se atrevió a tirar un penalti contra los que fueron sus compañeros. Penalti que por supuesto falló (no es su mejor suerte) pero afortunadamente, no hubo que echarlo de menos ya que el equipo se impuso igualmente.
Anécdota aparte, el portuense cumplía siempre y era absolutamente indiscutible para Garitano. Incluso en malos partidos del equipo en los que pierde (como en casa ante el Granada) Iza está donde tiene que estar, y hasta se permite mandar balones al palo, como aquel aciago día.
Con Sergio continúa jugando, pero enseguida se tuercen las cosas. Tras la derrota en Ceuta, otra más en una segunda vuelta en la que la caída no tiene fin, Iza terminó a lágrima viva, desesperado ya por situación (incluyendo su regalo del primero gol al rival),
gesto que le afeó el técnico, la enésima señal de que todo andaba mal en ese vestuario.
En un año para olvidar en lo colectivo (la peor segunda vuelta de toda la historia, la peor racha de derrotas en casa de toda la historia también), la temporada se le acaba de forma prematura cuando en el primer partido de Idiakez, que lo pone de titular, el portuense salva un gol en la misma línea, pero lo hace a costa de una lesión muy grave. Ya en el campo el gesto fue muy feo, pero el
diagnóstico posterior fue aún peor: rotura parcial del ligamento interno de la rodilla. Ahí se terminaba la participación de Iza en una temporada sin duda para olvidar.
Aquello sería la antesala definitiva de su adiós definitivo al Cádiz. En un acto en el Ayuntamiento de su ciudad, y con el club en plena revolución tras el anuncio de dimisión de Vizcaíno y la llegada de Septien,
Iza anunciaba que su ciclo en el Cádiz terminaba. Un ciclo que dejaba siete temporadas, cuatro en Primera, con 226 partidos oficiales. Casi nada.